El sobrepeso infantil ha aumentado bruscamente en apenas dos décadas. Actualmente más del 30% de los niños lo padecen y de ellos un 10% son obesos. Se calcula que el 80% de estos niños seguirán siendo obesos el día de mañana, convirtiéndose en uno de los problemas de salud pública del siglo XXI más alarmantes.

 

Los hábitos de vida, principal causa de obesidad

 

Si bien es cierto que alrededor de un 30% de estos casos puede tener un componente genético, la culpa del 70% restante la tienen los malos hábitos de vida de sedentarismo, abandono de la actividad física y el desconocimiento de unas normas básicas de nutrición con una ingesta descontrolada de productos ricos en refinados y grasas saturadas y el abuso de distintos tipos de azúcares.

 

Agentes que intervienen en la obesidad infantil

Aunque el principal problema con la comida actualmente es que ya no se prepara a partir de ingredientes naturales, echar la culpa a la industria no sirve para excusar al resto de protagonistas de la alimentación, que podríamos dividir en tres sectores: Familia, Escuela e Industria alimentaria.

 

La familia, clave en prevenir la obesidad infantil

El tratamiento preventivo de esta situación empieza en el periodo de lactancia y la leche materna como mejor aliada para reducir el riesgo de obesidad infantil.

Pero, ¿Qué ocurre a partir de entonces? ¿Cuántas comidas se realizan correctamente: en horas pautadas, sentados alrededor de una mesa masticando y no engullendo, charlando de cómo ha ido el día, con primero y segundo plato cocinados en casa?

Al recurrir a los alimentos precocinados en el microondas, una parte importante de la industria alimentaria mencionada anteriormente añade ceros a su cuenta de resultados. No sería del todo justo culparles siempre a ellos por estar demasiado ocupados para cocinar.

¿Cuantas veces en tediosas tardes de verano, cuando aún están haciendo la digestión del almuerzo, los niños piden la merienda? Lo que están haciendo es reclamar la atención de los padres. Si en vez de una galleta, se les explica que lo que tienen, no es hambre, que es aburrimiento, lo que se está haciendo es educar. Enseñándoles que no se puede combatir con comida la frustración, la insatisfacción o el aburrimiento, desencadenantes en ocasiones, de problemas graves, no solo alimentarios.

Los hijos aprenden imitando lo que ven. Las horas de las comidas son también los momentos de compartir proyectos, experiencias y alegrías: todo contribuye a educar.

 

Los comedores escolares y la obesidad

La Escuela tiene también un papel importantísimo, ya que la mayoría de niños se queda a comer en los comedores de los colegios, y aunque últimamente nutricionistas y dietistas colaboran en los menús, la comida que se sirve en muchos casos dista mucho de ser orgánica y equilibrada, dada la escasez en vegetales y el exceso de carbohidratos y grasas saturadas. Pedagógicamente tampoco es adecuada: muchos niños no saben pelar la fruta porque no lo aprenden ni en casa ni en la escuela, con lo que manzanas, naranjas, peras, etc. están condenadas a desaparecer de nuestra dieta si no nos las venden peladas. Las mandarinas, sin pepitas, y los plátanos son los que salvan hoy por hoy los postres infantiles en lo que a frutas se refiere.

Antes decía que en los hogares de hoy apenas se cocina, pero es que en los de mañana, aún se cocinará menos. Ya que dejando a un lado Internet, nadie se encarga de enseñar a cocinar a los adultos del futuro. No deja de ser curioso que la cultura gastronómica que se enseña en algunos colegios se reduzca a hornear pasteles.

 

La industria alimentaria en la obesidad

En cuanto a la Industria alimentaria es una de las responsables de nuestra mala alimentación. Solo hay que ver en algunos etiquetados la calidad de los ingredientes que utilizan. Ahora existe la tendencia de abusar de lo Light: antes se ingería poca cantidad de algunas cosas para evitar engordar, mientras Hoy nos pasamos el día consumiendo productos que se presentan con “bajas calorías”. También ciertos productos “low cost” que todavía presentan calidades inferiores, potencian el acúmulo de grasa corporal.

 

Consecuencias de la obesidad infantil

Es importantísima la repercusión que el sobrepeso y la obesidad tienen sobre el desarrollo psicológico y la adaptación social del niño. Los niños con sobrepeso no encajan en los patrones de belleza de nuestra sociedad, así que no es de extrañar en ellos el sentimiento de inferioridad y la mala imagen de sí mismos. Son niños y adolescentes con dificultades para hacer amigos y la discriminación a la que se ven sometidos desencadena en ellos actitudes antisociales. Se aíslan, se deprimen y entran en una espiral que los induce a seguir comiendo para satisfacer su baja autoestima.

Otra consecuencia de la obesidad es un tipo de enfermedades que hasta ahora se consideraban exclusivas de los adultos, como la hipercolesterolemia o la diabetes tipo 2, las enfermedades vasculares o la hipertensión.

 

Tratamiento de la obesidad infantil

Ante esta situación, de lo que se trata no es de hacerle una dieta al niño para que pierda el peso que le sobra y que el resto de la familia continúe con los malos hábitos de alimentación, sino de cambiar la mentalidad, estableciendo un estilo de vida para todos que perdure en la edad adulta.

Aquí intervienen el pediatra y el endocrinólogo pediátrico, que revisarán los aspectos mencionados y junto a una adecuada comunicación familiar contribuirán a prevenir y tratar la obesidad.

Al final la recomendación es visitar a su PEDIATRA o en su defecto visitar nuestro sitio web http://pediatrasenmerida.com/especialidades-pediatricas/pediatria/ para encontrar el especialista que mejor se adapte a sus necesidades.
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